La irresistible sencillez de dejarse llevar, y optar por el rechazo al afeitado periódico es algo que quizás solo los hombres con cierta predisposición genética al abundante vello facial hayan experimentado.

En mi caso, y desde que recuerdo haber lidiado con una cuchilla Gillette allá en mi pubertad, creo que el rasurarme nunca fue una de mis debilidades. Como algunos sabréis carezco de un mentor en estas lides, y pese a todo me considero un joven padawan de la gran pantalla, si has visto afeitarse a Bruce Willis, o a Silvester Stallone con un machete, seguro que con una desechable azul sería pan comido.

En la era donde consigues tutoriales en YouTube hasta de cómo practicarte una apendicectomía, no os negaré que no he seguido algunas pautas a la hora de darle forma (que con un remolino por mejilla, no es moco de pavo). La cuestión es que he llegado a un hito en cuanto a longitud y perdurabilidad de mi nuevo apéndice en el mentón y me surgen serias dudas a la hora de afrontar el verano…

…no está mal como seña de identidad, y esto, y aquello, e incluso lo de más allá, pero más de 6 meses dejándola libre me indican que como no haga al respecto va a tomar el control del resto del organismo huésped.

Como despedida o al menos documentación, siempre me quedará el fabuloso retrato que me realizó Borja Susperregui, que ha dignificado todo esa saturación de mi imagen a la que os tengo acostumbrado en todas mis redes sociales. (El tratamiento que ha convertido mi piel en cuero moteado ha sido cosecha mía, “de donde no hay, no se puede sacar”). Frente a un objetivo, te conviertes en un objeto, lo que está detrás ya es más difícil de contextualizarlo (maquinarias, receptores, materiales sensibles, procesadores, egos, almas, ojos, cerebros…).

Aprovecho para homenajear a los grandes excéntricos que decidieron crear con pelo en su barbilla, a los que además de acariciar gatos, rodar por la nieve, limpiar estanques con el agua hasta las rodillas, colocar cubos debajo de las goteras y más tareas honrosas, optaron por ser felices con su tupida barba.

¡Nada debería obligar a un hombre a desprenderse de su barba!
¡Alegremos el mundo con barbas!
¡Tapemos nuestra fealdad con una buena barba!
¡QUE VIVAN LAS BARB… pero es que el calor.